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Archivos Mensuales: octubre 2012

Tabaski

El viernes fue la Tabaski, la fiesta del cordero.
Una fiesta para los musulmanes, como es la Navidad para los cristianos.

Mercado de corderos. El último día, ya casi no quedan.

Toda la semana ha sido una auténtica locura. Si normalmente hay ovejas en Dakar estos días podías encontrarte con 500 aglutinadas en una misma calle.

Negociación, venta y transporte de los “moutones”

A las 9 de la mañana, los hombres van a la mezquita. Luego se reúnen con las familias en una casa y es donde matan al cordero. Primero le cortan el cuello, dejándole que se desangre. Posteriormente le quitan la piel y comienzan la ardua tarea de separar los trozos de carne de las vísceras.  A algunos os prometí contar esto “detalladamente”, pero no creo que queráis que puntualice mucho más.

Sólo os diré que he aprendido a identificar cuál es el olor de ese momento…
y no es muy agradable. Si queréis haceros una idea, podéis acercaros a la zona de la carnicería del supermercado al que vayáis (pero a la zona de dentro).

Sé que prometí hablar de niños, pero supongo que entenderéis que llevo todo el fin de semana en modo “stand by”. Porque verlo en vivo y en directo, desde mi ventana a la terraza de en frente… impacta un poco…

Pero ¿qué es la Tabaski? Es una fiesta que conmemora un pasaje del Corán (y una vez más que también aparece en la Biblia), en el que habla de cómo Ibrahim (para los cristianos Abraham) va al monte obedeciendo la voluntad de Dios de sacrificar a su hijo Ismael (Isaac para los cristianos). Es a punto de clavarle una daga a su propio hijo, cuando Dios le para la mano en el aire para que no lo haga. Agradecido, Abraham mata a un cordero en su lugar.

Una pequeña curiosidad… la carne que sacan del cordero, la dividen en 3 partes. Una para la familia, otra para los vecinos y otra para los más necesitados.  A última hora de la tarde, se podía ver a la gente vestida con los trajes más elegantes y coloridos paseando por la calle para ir a ver a sus vecinos. Es un momento de compartir, de sonreír y de pedir perdón por las posibles ofensas durante el año…

¿Sorprendidos? Yo sí. Una vez más, tenemos algo en común.
Una vez más, no somos tan diferentes como algunos nos hacen creer…

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Publicado por en 30/10/2012 en Experiencias

 

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Una impresión cuando llegué a Dakar

Hace un rato me asomaba desde nuestra terraza para ver si veía a Álvaro llegar. Oía a un niño llorar. Quizá sólo fuera un berrinche, quizá fuera que estaba enfermo  y le dolía algo. Es todo tan posible aquí…

Te dan ganas de salir corriendo, de buscarle y de consolarle. De decirle que todo va a salir bien. De buscar un médico…y de curarle. ¿Quién sabe? Quizá sólo tiene un constipado… quizá le ha sentado mal algo que ha comido del suelo…

Y entonces te das cuenta. No puedes. No puedes tranquilizarle. De la misma manera, que no puedes arreglar la vida de tanta gente que vive aquí, cada uno con sus circunstancias. El otro día, por ejemplo, Emma (nuestra señora de la limpieza) me contaba algunos problemas que tenía para mantener a su marido, a sus cuatro hijos y a su propia señora de la limpieza; lo habían pasado muy mal. Yo la miraba y la escuchaba, intentando que estuviera a gusto hablándome, pero sin poder hacer nada por ayudarle. Y te das cuenta; no eres un salvador, eres totalmente prescindible. Estás aquí porque un cúmulo de circunstancias de la vida te ha hecho llegar hasta este punto del planeta.

Y te das cuenta de que con su mirada depositan en ti toda su esperanza, ya que al ser blanco les puedes sacar de la pobreza. Y tú sólo, como individuo, y desde la humildad de una sola persona, no puedes hacer nada. Te sientes pequeño, impotente, sin energía para luchar contra tanta gente. Tanta gente que se acomoda en la seguridad de su hogar… sin mirar hacia afuera.

Lentamente, mientras oigo el lloro de un niño en la calle, me doy cuenta. Quizá no pueda salir corriendo para tranquilizarle… pero a lo mejor pueda hacer algo. Algo que ayude a niños como él a no llorar. A lo mejor puedo hacer algo…desde mi pequeñez y con mis limitaciones…que ayude a esos pequeños a no pasarlo mal…

Hace un rato miraba hacia la calle. Hay tantas cosas por hacer… tanta necesidad… y no sé por dónde empezar… 

¡Pero ya he encontrado una solución! Os la contaré en el próximo post…

 
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Publicado por en 18/10/2012 en Día a día

 

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Por una sonrisa en Africa

“La pareja que dejó el Oasis por la sabana”. Así titula el ABC al artículo dedicado a Mario y Asun (a la que todavía no hemos tenido el placer de conocer), presidentes de la Fundación “Por una sonrisa en África“.

Sin agua corriente ni electricidad, viven unos 6 meses al año en un pequeño pueblecito, cerca de Mbour, al que se accede por un “camino de cabras”.

El sábado estuvimos a las afueras de Dakar, visitando esta fundación y sus proyectos. Pequeños, pero eficientes. Personas dedicadas a los demás. Conociéndoles se hace realidad lo que sospechas al llegar a África: Que hay gente que deja sus comodidades para vivir entre ellos, ayudándoles, dando lo que pueden… y a veces, con una sola bombilla en toda la casa.

Uno de sus proyectos, es un dispensario (en la foto). Un pequeño lugar donde, entre algunos voluntarios y trabajadores de la zona, atienden a la gente de los alrededores. Tienen camas, consultas y ¡hasta una incubadora!

Salen adelante gracias a donaciones de particulares y de empresas, así como al apadrinamiento de los niños del lugar. Éstos, aseguran una educación del chaval en primaria y en secundaria. En alguna ocasión, el alumno tiene la posibilidad de ir a un instituto privado. Todo esto, aumenta sus posibilidades de tener un buen trabajo, así como de mejorar la calidad de vida de ellos, sus familias y por ende, del poblado entero.

Otro de los proyectos que tienen, es una escuela con comedor. Unas pocas aulas que aseguran una educación básica, que proporcionan una formación necesaria para las niños, sean de donde sean… ¡no hay mejor regalo que éste!

Finalmente, su joya de la corona es una residencia para los estudiantes. No os voy a poner fotos, para que la juzguéis por vosotros mismos si tenéis ocasión de venir. Pero os aseguro que es todo un lujo.

Cuando caminas por África puedes ver un sin fin de “buenas obras”. De igual manera que si estás en Europa y quieres poner “tu granito de arena” tienes una gran colección de ONG, asociaciones y fundaciones con las que colaborar o simplemente aportar. ¿Cuál elegir? ¿Cuál es mejor?

La verdad es que si te proponen una cena en la que se va a recolectar dinero y eres una persona inquieta por ayudar a “ese otro mundo” irás sin pensártelo. Pero… ¿Dónde vas a mandar el dinero? Hay veces que hay que pensarlo… Quizá el proyecto es bueno pero… ¿Es realmente necesario? ¿Quién asegura un control? ¿Quién hará el seguimiento?

No siempre tendrás respuestas para estas preguntas, así que, si colaboras con este tipo de organizaciones asegúrate de saber exactamente cual es el objetivo de tu aportación. Pregunta, escribe, llama. Y por supuesto, si tienes ocasión, viaja y visita los proyectos.

A veces tienes la oportunidad de conocer a este tipo de gente que lleva este tipo de fundaciones y vuelves a pensar que hay gente buena, que hay gente que tiene ganas de cambiar un pedacito del mundo. ¡Hurra! Vuelves a llenarte de esperanza porque algo puede ser diferente: Como esos niños que quizá miran por la ventana de su escuela pensando que su mundo puede cambiar…

www.puse.org

 
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Publicado por en 09/10/2012 en Varios

 

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La comida y la cesta de la compra

Hace días que no escribo, pero cada día en Senegal, sigue siendo una experiencia.

Hoy quiero escribir sobre la comida, ese gran tema que irremediablemente te preocupa cuando piensas en salir de Europa y con el que tienes que lidiar en el día a día y que particularmente cada vez presto más atención desde la gripe intestinal que sufrí el mes pasado…

Desde siempre te han enseñado que tienes que llevar una dieta equilibrada. Hidratos de carbono, proteínas, vitaminas… o lo que todo ser humano entiende: carne/pescado/huevo, verduras, pasta/arroz/patata, fruta… así que al hacer la compra, en un supermercado francés con productos de exportación (y por lo tanto más caros), intentas que haya de todo. Pero a veces se complica.

Se complica, porque no hay de todo a lo que estamos acostumbrados. Hay que ver la de cosas que pensamos que necesitamos comer…pero que en realidad no es así. Tú que estás leyendo, ¿qué pequeños vicios compras cada semana, una y otra vez, y que en realidad no hace si no engordar? Pero lo compras pensando “bueno, por esta vez…”. Quizá unas aceitunas (de esas rellenas, claro, ya que estamos), o unas patatas, o unas antxoas, o…

Uno de esos vicios para mí, es el queso que por lo que me gusta, merece un punto a parte. Hay queso, sí, y una sección bastante amplia. Pero los precios son más bien altos, qué listos son, saben que hay gente que no puede vivir sin probarlo. Así que nosotros de momento, sólo compramos quesitos. Aunque hay un pequeño estante de la nevera, colocado junto a los yogures y que acabo de descubrir, donde ponen el queso que está a punto de caducarse, mucho más barato. Cuando un queso se caduca, ¿se parece al yogur?

Por supuesto, otro punto que hay que mencionar el vino. Y es que estamos muy mal acostumbrados en nuestro país donde, si te gusta beberlo, puedes comprar una buen viso de mesa (atención que no hablo de reservas ni de marcas escandalosamente fabulosas) y que se adapte a tu bolsillo. Aquí… es complicado. Para empezar, mejor el vino blanco, que se toma fresquito y disimula el sabor. Para seguir, un vino normal te puede costar unos 20 eurillos de nada. Todo un lujo. Y eso que la mayoría de marcas son francesas… ¿qué traéis a estos países? ¡Que aquí hay gente que aprecia un vinito normal y sin pretensiones!

Una buena parte de la cesta de la compra (por cierto, que esto se utiliza para calcular el IPC y me gustaría saber cómo lo calculan en este país) lo forman los productos frescos. Gran dilema. Por un lado verduras y frutas. Puedes comprar productos de exportación, más caros, o productos locales, con el consiguiente riesgo de coger amebas, gripes intestinales, o lo que sea. Por otro lado, pescado y carne. De momento es con lo que más cuidado tengo. Tomamos pechugas de pollo, que parecen normales… y si eres valiente (y yo lo soy), puedes ir de vez en cuando al mercado. Donde el pescado te lo venden casi directamente en las barcas de pescadores. Así te aseguras que es fresco y puedes tomarte una dorada o un thioff fresco. Por cierto, muchos barcos españoles vienen a Senegal a pescar. Os aseguro que un pescado de estos es una “explosión de espuma de mar” cuando te los tomas, ¿a que en esto os doy envidia?

No voy a terminar de hablar sin comentar la dificultad de calcular lo que debes comprar, teniendo en cuenta los cortes de electricidad, que si son demasiado largos, te obligan a tirar a la basura muchos de los productos frescos que tengas en la nevera.

Y os decía lo del IPC y la cesta de la compra, porque ¿Qué hacen los senegaleses? Ellos comen arroz todos los días con verdura y pescado o carne. Es bastante práctico, la verdad… quizá nos pasamos algún día a la dieta senegalesa…

 
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Publicado por en 02/10/2012 en Día a día

 

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